¿Cómo hizo Cris? Quinta parte: Clarín, el enemigo perfecto

Primera parte: No todo lo que brilla es una elección ganada

Segunda parte: El año del Bicentenario, el año del populismo

Tercera parte: Buenos técnicos, buenos cuadros, buena política

Cuarta parte: Los medios K

Fiel al estilo tradicional del peronismo, el kirchnerismo decidió enarbolar su discurso en base a la clásica antinomia, el “ellos o nosotros”, que tanto le sirviera a Perón para ganar su primera elección presidencial. No es un recurso discursivo demasiado complejo, se trata de generar la apariencia de que la única alternativa política a la propuesta propia es una verdaderamente repugnante. Luego, es posible sentarse plácidamente a esperar que el sentido común y la racionalidad de los agentes hagan su labor. Al fin y al cabo, la diferencia entre mal menor y bien mayor es puramente semántica.

En 2009, no era fácil elegir un enemigo, ya que la lista de candidatos era bastante larga y estaba poblada mayormente por pelagatos (véase la primera parte de esta serie). Elegir un enemigo débil e intrascendente es siempre una mala idea, no es posible construir un relato oficial en base a conquistas arrancadas a un rival que se sabe carente de recursos; es más factible que el público termine simpatizando con el cuatro de copas y repudiando el ensañamiento oficial. El enemigo elegido tiene que ser poderoso, muy poderoso, de modo tal que cualquier conquista por pequeña e intrascendente que sea pueda ser presentada en términos de una batalla entre David y Goliath. En cambio, en las derrotas, siempre se apelará a la idea de que el enemigo hizo trampa de alguna manera o bien que la contienda no era equitativa desde el comienzo. El problema es que, en 2009, ninguna fuerza opositora era particularmente fuerte, entonces al enemigo había que buscarlo en otro lado. Los K, en otra muestra de su astucia política, eligieron al grupo Clarín.

Durante el mandato de Nestor, Clarín fue un diario oficialista, hecho de público conocimiento que hasta los informes de 678 convalidan. Sin embargo, el gran diario argentino no mostraba tanta simpatía hacia Cris, cuyo gobierno parecía, en un comienzo, más endeble que el de su marido. Durante el conflicto del campo, Clarín jugó sus cartas con inteligencia (cosa que no volvería a hacer por mucho tiempo) y decidió no posicionarse de manera tajante. La postura del multimedio era más bien ambigua: no condenaba particularmente ni al campo ni al gobierno; acusaba a las retenciones de confiscatorias pero, al mismo tiempo, admitía que se trataba de un período de excepcional prosperidad para el sector exportador de alimentos. Es claro lo que ocurría, Clarín no estaba seguro de quién triunfaría y no quería perderse la posibilidad de sentarse a cenar con los ganadores (La Nación, en cambio, sí se manifestó a favor de los ruralistas desde un comienzo). Luego de la madrugada cobista, ya con el resultado puesto, Clarín se volcó al oposicionismo 100% y salió a criticar duramente casi cualquier cosa que el gobierno hiciera o dejara de hacer.

El grupo Clarín es el enemigo perfecto para el gobierno por varias razones. Se trata de un oscuro grupo empresario que controla la mayor parte de las licencias de radiodifusión en Argentina. Siempre está abierto el debate sobre cuál es el porcentaje exacto de licencias que caen bajo su esfera; sin ánimos de entrar en detalles, podemos presentar algunos de los mapas de los medios que han circulado por internet en los últimos años para tener una idea de la magnitud del problema. El grupo Clarín es dueño del diario de mayor circulación, del canal de aire con mayor audiencia, de la radio nacional con mayor audiencia y del canal de noticias con mayor audiciencia y alcance de nuestro país. Todo eso le otorga un gigantesco poder de agenda-setting, cuyos resultados están a la vista: todos los programas matutinos de la radio hablan de la tapa de Clarín. Por otro lado, controlar, junto con La Nación, la única empresa nacional de papel de diario, le otorga a Clarín un control cuasimafioso sobre lo que los demás diarios pueden hacer o decir. Muchas de las empresas del multimedio violan explícitamente las leyes antimonopolio, como es el caso de Cablevisión y Multicanal.

Los monopolios son condenados por todas las teorías económicas y por todas las variantes políticas mínimamente reconocidas, lo cual hace al grupo Clarín una entidad mayormente indefendible. Por otro lado, no hacía falta hurgar demasiado en los roperos de la historia argentina para encontrarle varios muertos al multimedio. Al gobierno no se le hizo difícil narrar la conocida historia de cómo Papel Prensa fue obtenida luego de acuerdos políticos con la dictadura (de la cual Clarín fue un activo colaborador) que incluían el secuestro y tortura de miembros de la familia Graiver. Tampoco fue muy complicado revivir la causa por la apropiación ilegítima de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble (que ya llevaba una década abierta y dormía el sueño de los justos en algún rincón de Tribunales). Todas estas disputas fueron presentadas como gallardos avances de la democracia y la libertad de expresión en contra del monopolio y los intereses privados. El gobierno sabía que triunfaría aún fracasando: siempre estaba la posibilidad de argumentar que Clarín era un enemigo demasiado poderoso pero que, en todo caso, el mérito estaba en intentar enfrentarlo (esto fue exactamente lo que el gobierno dio a entender luego de que la justicia dictaminara que Marcela y Felipe Noble no eran en realidad hijos de desaparecidos).

Pero aún hay más. Quienes somos lectores de Clarín sabemos que se trata de un diario muy, muy mal hecho. Abunda en faltas de ortografía y errores de redacción y de tipeo. Hay artículos literalmente cortados por falta de espacio o, mejor dicho, porque se necesitaba ese espacio para publicidad, ya que Clarín es un diario sobrecargado de publicidad (páginas y páginas enteras casi todos los días y, en particular, los fines de semana). Por otra parte, el gran diario argentino gusta de utilizar latiguillos que ofenden a cualquiera que tenga cierto grado de aprecio por el buen periodismo: “Ahora dicen que…”, “Cada vez más gente piensa que…”, “Hay polémica entre X e Y”, “La nueva tendencia: Z” y otras bajadas de línea carentes de información que buscan imponer una idea a base de meros recursos retóricos gastados por su excesivo uso. Esas mismas notas que nos revelan lo que la gente dice, piensa o hace rara vez presentan fuentes y se recurre de manera grosera al off the record, de modo que toda la información nos llega a través de “altas fuentes”, “fuentes confiables” o “funcionarios con llegada a”. Nada de esto es nuevo, muchas personas detectaron estos defectos hace una década y eso dio lugar a la revista Barcelona. El gobierno no descubrió nada, solo tuvo la inteligencia de usar a su favor las armas que ya existían hace rato y estaban a disposición.

Hay una última razón por la cual Clarín se erigió como el rival ideal para los Kirchner: Magnetto y compañía aceptaron el rol que el gobierno les impuso. Sobreestimaron sus talentos y se sintieron capaces de ganarle al gobierno jugando con sus reglas. Aceptaron plenamente su rol de multimedio opositor y, de hecho, intentaron imponer la idea de que el gobierno argentino era similar al de Venezuela por sus “ataques a la libertad de prensa”. Si analizamos la situación con cierto detalle, la comparación que Clarín establecía era un salvavidas de piedra, ya que, en Venezuela las empresas de comunicación “atacadas” por el gobierno son, en realidad, parte de una burguesía golpista que señala abierta y cotidianamente la necesidad de una intervención militar estadounidense en territorio venezolano. El gobierno de Chávez no las ha “atacado” ni “censurado”, se ha limitado a no renovarles las concesiones otorgadas, algo bastante razonable, ya que dudosamente sea una buena política de Estado ceder canales de radiodifusión a quien los utiliza para promover golpes de Estado. Al comparar a los K con Chávez (comparación que no los ofende ya que ellos consideran a Hugo un importante aliado estratégico), Clarín se estaba poniendo a sí mismo en el lugar de oposición golpista. Una movida llena de astucia y visión política, claro está. A partir de allí, todo sería cuesta abajo para el multimedio. El desfile de derrotas que debió soportar en términos discursivos fue patético; baste un solo ejemplo para ilustrar esto: Clarín se refugió en declaraciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que denunciaban la falta de libertad de expresión en Argentina. Esto motivó una larga seguidilla de informes en los medios K que mostraban que la SIP era en realidad una sociedad de empresarios colaboracionistas de diversas dictaduras y atropellos a la democracia y que solo un año antes habían elogiado profusamente al gobierno de Cristina. En el campo de batalla discursivo, Gvirtz demostró ser mejor general que Van der Kooy, Blanck, Silvestre y todos los demás soldaditos de plomo de Magnetto (listado que, para dar cuenta de su amplitud de criterios, incluye a un periodista gangoso).

Clarín se tomó en serio las cosas y decidió emprender la titánica tarea de organizar políticamente a la oposición de derecha en lo que podría haber sido un hipotético frente de derecha anti-K. Esto está lejos de ser una teoría conspiranoica del kirchnerismo, las pruebas están a la vista: Magnetto llegó a organizar una reunión de políticos opositores que fue de público conocimiento. Como sabemos, este emprendimiento fracasó rotundamente. Por otra parte, es claro que el multimedio apoyaba la candidatura de Julio César Cleto Cobos, a quien pintaban como un líder carismático, capaz, decidido y prometedor. Él solo se encargó de demostrar todo lo contrario: desde aquella madrugada en la que definió una votación traicionando al partido que lo había llevado al poder, el mendocino no hizo absolutamente nada rescatable, por bueno ni por malo. Su devenir refleja el aspecto más cabal y destructivo de la política de los radicales: la inoperancia. Clarín apostó a que Cobos fuera el líder que derrotara a los K, la peor apuesta política que alguien podía hacer en 2009. Cuando comprendieron su error, se enojaron un poquito. Mientras tanto, el matrimonio oficial se entretuvo derrotando a Clarín en todas las canchas en las que jugaron, salvo, claro está, cuando perdieron, y perdieron, como no podía ser de otra forma, porque Clarín es demasiado grande, siniestro y poderoso como para poder derrotarlo, pero el solo hecho de intentarlo ya era meritorio. Los Kirchner jugaron sus cartas con inteligencia. Clarín, con sus alarmantes titulares mañaneros capaces de arruinarle el día a cualquiera y sus insistentes operaciones políticas fallidas, comenzó a perder share de mercado. Enfrentarse con el gobierno le salió caro. Y, encima, le abrió la cancha a la que sería una de las principales puntas de lanza del gobierno: la ley de medios.

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