En los últimos días, circularon por internet algunas imágenes (y muchos comentarios) que coincidían, con variado grado de elegancia, en denunciar el lamentable estado de los ferrocarriles nacionales y la falta de inversión pública en infraestructura y transporte “mientras el gobierno gasta millones en Fútbol Para Todos”. Es claro que la tragedia de Once (que ya discutimos holgadamente en lo que fue, hasta ahora, el artículo más popular de este blog) es producto de las políticas públicas de los K, que postergan el gasto en infraestructura y la inversión pública a expensas de los subsidios a las grandes empresas y a los capitalistas amigos. Sin embargo, hay que aclarar un poco los tantos: culpar al Fútbol Para Todos (FPT) es sencillamente ridículo y, de hecho, es reaccionario.
Cuando surgió el FPT, hicimos un análisis que incluía algunos datos duros y algún que otro ejercicio delirante. Hoy, con datos más actuales, estamos en condiciones de ratificar todo lo dicho. El presupuesto de FPT en 2011 fue de 1.015 millones de pesos, equivalente al 0,27% del gasto presupuestado para ese año. Vayamos un poco más allá: el FPT equivale al 0,44% del gasto social, 0,69% de las prestaciones de seguridad social, 2,8% del gasto en servicios de deuda pública, 3,3% del gasto en educación y cultura, 0,75% de las transferencias corrientes al sector privado. El presupuesto para inteligencia que, como sabemos, se utiliza para espiar políticos opositores, perseguir políticamente a militantes de izquierda y otras actividades igualmente nobles, es un poco más alto que el de FPT: 1.046 millones de pesos. El presupuesto destinado a la administración gubernamental, utilizado para pagar los salarios de legisladores, ministros, secretarios, jueces y otros tipos que no ganan menos de 30.000 pesos cada uno, es 25 veces mayor que el de FPT.
Creo que, después de todo lo dicho, se vuelve muy difícil sostener la posición de que el FPT es lo que drena los recursos fiscales y vuelve a nuestro gobierno incapaz de realizar inversiones productivas. Así todo, no falta quien busque torturar los argumentos más elementales y generalistas y alegue que “1.015 millones son 1.015 millones, se podrían usar para otra cosa, el FPT no es una necesidad básica ni mucho menos”. Este argumento es habitual en quienes gustan de vestirse de progresistas pero, en realidad, son profundamente reaccionarios. Es terriblemente retrógrada afirmar que los subsidios solo deben atender necesidades básicas, esa postura es propia de quien considera que a los pobres debe mantenérselos con vida, acaso limpiarlos y enseñarles a leer y escribir, pero nada más. Que mueran de hambre es un horror, pero que no disfruten jamás de los placeres de la vida que entretienen a los ricos sí es aceptable, al fin y al cabo, por algo son pobres. Por eso, estos “progresistas” reclaman que se recorte cualquier subsidio que otorgue a los pobres algo que no es estrictamente indispensable para la supervivencia, pero rara vez se los escucha quejarse del gasto en inteligencia, de los subsidios a empresas destructoras del medio ambiente o del pago de deuda externa ilegítima contraída durante la dictadura.
Por si quedan dudas, es preciso insistir en que el FPT es un subsidio progresivo. Sus beneficiarios directos son todos aquellos a los que les gusta mirar partidos de fútbol por televisión (un porcentaje muy alto de la población), entre los que podemos distinguir tres grupos:
- Los que pagaban el codificado
- Los que no pagaban el codificado, pudiendo pagarlo
- Los que no pagaban el codificado porque no podían hacerlo
Para el grupo 1, el FPT es equivalente a una transferencia monetaria. Para el grupo 2, es un beneficio inferior al de una transferencia monetaria. En cambio, para el grupo 3, no podemos saber a priori qué tanto valoran estos individuos el FPT; esta valoración podría ser potencialmente altísima, al menos tan alta como cualquier otro bien que ese individuo adquiera. Cuando se trata de hogares pobres, no hay mucho consumo más allá de alimentos, salud, educación y servicios básicos. El FPT es, potencialmente, tan beneficioso para estos hogares como cualquiera de esas cosas. Por otro lado, dada la distribución de ingresos en Argentina, es razonable pensar que este grupo es el más grande de los 3, de modo que las virtudes del FPT quedan a la vista.
Por último, existe una variante de oposición al FPT que se basa en el hecho de que este es utilizado como un vehículo de propaganda política gubernamental (entiéndase bien: gubernamental no es sinónimo de estatal). Efectivamente, a nadie puede agradar demasiado el hecho de que los entretiempos de los 10 partidos de cada fecha estén repletos de propaganda política del FpV, sin embargo, la conclusión natural de ese análisis debería ser que hay que limitar la propaganda política en televisión, no que hay que limitar el FPT. Por otra parte, tampoco es claro que la situación actual sea peor a lo que era antes del FPT: la pauta oficial que se ubicaba en espacios privados pagos fue retirada y colocada en FPT, habría que ver si el ahorro de recursos que eso generó no pagó el gasto en FPT o, al menos, una parte del mismo. Como televidente, prefiero que la propaganda política esté concentrada en un cierto espacio de 15 minutos y no diseminada por toda la programación, ya que de ese modo es más fácil elegir si quiero verla o no. Además, para todo aquel que no disfrute de ser adoctrinado sobre los logros de Cris, no hay mejor lugar para todo eso que el entretiempo de un partido, momento que todos utilizamos para ir al baño o hacer zapping.
Acéptenlo muchachos, se puede ser progresista o se puede odiar al FPT, las dos cosas no.
El fútbol tiene que ser gratis porque, después de hundir capital, el Cmg de transmitirlo es 0. El capital que hundís y los costos fijos SEGURO que se pueden pagar con algo de publicidad privada. Lo que es inadmisible es que, pudiendo ser libre y auto-financiable, se haga cargo el Estado. El motivo es claro: es una forma relativamente directa y con costo político nulo de transferirle recursos a la AFA; más recursos de los que sale transmitir fútbol gratis. Entonces estás equivocando el destino del subsidio; solamente va para los consumidores la pequeña proporción que corresponde con el costo fijo de transmitir los partidos. El resto es un subsidio a Grondona.
Afirmás casi como quien no quiere la cosa que, si estás en contra de FPT, sos un retrógrado que solamente quiere que los pobres llenen necesidades básicas. Independientemente de que, como dije antes, el subsidio no es para los pobres, ni para los ricos, sino para la AFA; se me ocurre que no estás considerando dos puntos relevantes:
1) Prioridades. Prefiero agarrar los 1200 millones, dividirlo por los 10 millones de pobres y darles un subsidio de 120 pesos por año.
2) No todo es blanco o negro; prefiero dar subsidios monetarios condicionados y que el pobre, el medio-pobre, el mediano o el que sea que recibe el subsidio decida que hacer con su dinero. Eso definitivamente es menos retrógrado que ofrecerle fútbol gratis.
Damián, gracias por el comentario. Respondo a los puntos específicos:
1) Puede ser cierto lo que decís, a lo mejor el beneficiario principal de todo esto es Grondona. No discuto que pueda haber alternativas mejores, lo que hago es comparar la situación actual con la anterior (llamalo treatment effect, si querés). Igualmente, tu argumento de que se subsidia a la AFA se basa en comparar esta situación con lo que hipotéticamente ocurriría si la televisación de fútbol fuese un negocio privado administrado de manera transparente, cosa que jamás ocurrió. No digo que esté mal ni bien, solo digo que comparás con un escenario fuertemente optimista que no tiene nada que ver con la realidad, no sé si es la comparación más relevante del mundo. Todos queremos vivir en el mundo ideal donde el fútbol es gratis y no tiene propaganda kirchnerista, pero bueno, vivimos en el mundo en que vivimos.
2) Técnicamente, lo que afirmo es un poco más sutil: afirmo que si te oponés al FPT con determinados argumentos (los que circularon por las redes sociales la última semana, básicamente), sos retrógrada. Otra vez, puede que tengas razón en que haya cosas mejores, pero a mi entender un subsidio progresivo al fútbol es bastante razonable en un país donde este es el elemento cultural más fuerte y distintivo que tenemos.
Saludos
Gracias por las rtas.
En realidad, no creo que esté comparando con una situación imposible ni imaginaria. Antes era privado y el que lo gestionaba ganaba plata, para eso lo hacía, ¿no?. Ya que no tiene más la concesión y ahora lo maneja el Estado, la cosa es más simple: el Estado vende publicidad, cobra y con eso paga costos fijos y lo que le sobra va para Grondona. Bien transparente la cosa, el precio del segundo de publicidad es público, igual que los segundos de publicidad. Pero acá está el punto: claro que para que Grondona prefiera darle los derechos al Estado, tiene que recibir más plata que si se los vendiera a un privado, entonces la discusión es otra: si pensamos que Grondona tiene derecho a comercializar sus derechos como le venga más cómodo, entonces que el Estado no haga nada y que Grondona maximice lo que tiene que maximizar. Si pensamos que lo que importa es que la gente vea fútbol, entonces que Grondona que se conforme con la diferencia entre los ingresos por publicidad y los costos fijos.
Con todo esto voy a lo siguiente: el gobierno vende el FPT como una victoria progresista y la verdad es que no es eso. Pensarlo así solamente desvía la discusión de su eje principal; yo no sé, no estoy diciendo que sea mucho o poco progresista darle un subsidio a la AFA a cambio de que te cedan los derechos de transmisión, pero la decisión importante que todo el mundo evita es esa. No tengo los números a mano, pero te aseguro que el subsidio a los consumidores que ven el FPT es una proporción menor de los 1200 M, el resto es de AFA.
Lo que pasaba antes era otra cosa: antes el servicio estaba monopolizado por un privado que cobraba un precio bastante mayor a su costo marginal (que, como vos decís, es cero) por transmitir los partidos y se fumaba todo mi excedente del consumidor. Lo que vos decís es que, teóricamente, es factible operar el servicio de manera privada de otro modo, cobrando precio cero a los consumidores. Insisto, como posible es posible todo, pero está en el terreno de los hipotéticos, porque jamás ocurrió en la realidad. El treatment effect sobre el bienestar social es claramente positivo; por supuesto que eso no quiere decir que no habría otras cosas potencialmente mejores, pero es otra discusión. El rol político de la AFA es nefasto y va mucho más allá del FPT (por ejemplo, la AFA, junto con los clubes, mantiene a las barrabravas que después actúan como grupo de choque en favor de fuerzas políticas de derecha o bien tercerizan la represión sobre manifestantes, como ocurrió el día del asesinato de Mariano Ferreyra), pero si queremos discutir la AFA hablemos de la AFA y listo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Por otro lado, volviendo a lo que decías en el primer comentario, darle un subsidio de 120 pesos por año a cada pobre no me parece gran cosa. Con 10 pesos por mes comprás 2 paquetes de arroz, ¿no? Lo que quiero ilustrar con esto es: es falso de toda falsedad que con el gasto en FPT se podría terminar con el hambre en Argentina. Con lo que se destina a pagar servicios de deuda pública, en cambio, sí. Pero qué coincidencia que los progres anti-FPT nunca dicen eso, ¿no? Tampoco se los escucha decir que el presupuesto de inteligencia (que, insisto, no tiene un solo uso que no sea profundamente violatorio de los derechos individuales más elementales) tiene los mismos usos alternativos que el de FPT.
El problema es que partís de una premisa errada respecto de quién es el monopolista. No es, ni nunca fue TyC; el monopolista es la AFA.
La AFA elige la manera en que quiere comercializar su producto, en su momento le pareció bien vendérselo a TyC. Claro, la empresa privada se comía tu excedente del consumidor (ponele que = a lo que recibía TyC – menos de un tercio de lo que recibe hoy FPT).
Ahora todo cambió, la AFA sigue siendo el monopolio, pero esta vez decidió que le venía mejor venderlo su producto al Estado, a un precio 4 veces más alto que el que le cobraba a la empresa privada.
TyC te sacaba el excedente del consumidor a vos (bah, digamos, toda empresa privada saca excedente del consumidor, ¿no?, de eso se trata) y le daba una parte a la AFA. Ahora FPT no te cobra a vos, le cobra a todo el país. Y en vez de cobrarte 300 millones anuales – como hacía TyC- te cobran 1200.
Lo que yo digo no es teórico, es bien tangible: los costos de TyC eran bastante públicos y de los de FPT podés estimar la cota de arriba bastante fácilmente mirando algunos números. Cuando hablo del rol de la AFA, ni siquiera me estoy refiriendo al rol político y tampoco estoy haciendo una valoración sobre su integridad moral (o si, lo hago; pero el argumento funciona aún sin hacerlo). Lo que digo es que la AFA es, por definición, el monopolio que tiene los derechos de transmisión de fútbol y lo que tenemos que debatir es si le dejamos comercializarlos como quieran o no.
Respecto del treatment effect sobre el bienestar social, no sé en base a qué data podés afirmar eso. “La gente está contenta”, yo qué sé si está 1200 millones de pesos anuales más contenta.
Lo último: aparte de comprar dos paquetes de arroz, con 120 pesos por año podrían elegir pagar para ver partidos de fútbol por TV, o no hacerlo.
Perdón, vos te acordás cuánto costaba ver partidos por codificado antes? Me parece que era un poquitito más que 120 pesos anuales, no? O nunca en tu vida tuviste codificado o tenés muy, muy mala memoria. Ese es el elemento que siempre “se te olvida” en el análisis: antes no veían fútbol todos los que querían verlo, lo veían solo los que podían pagarlo. Pavada de olvido, porque justamente la gracia del treatment effect es esa, la ganancia de bienestar radica en que ahora los pobres pueden ver fútbol cuando antes no. Tu “yo qué sé si está 1200 millones de pesos anuales más contenta” alude al hipoteticismo más barato y chabacano: “capaz, tal vez, en una de esas, a lo mejor, se podría hacer otra cosa mejor con esa plata”. ¿Por qué no decís lo mismo del presupuesto de inteligencia?
Siempre hay cosas mejores Damián, no descubriste nada. Pero poner en duda el efecto positivo del FPT es, a esta altura del partido, un poco ridículo
Claro que sé lo que costaba el codificado, ¿eso qué tiene que ver? No te sigo bien.
Es fácil la cuenta: te lo hago con números de 2010 pq no tengo los de 2011. La transmisión costó 45 millones de pesos. La AFA se llevó 600.
Ponele que ahora cuesta 60 millones de pesos anuales. La publicidad privada en 2010 fue prácticamente nula; aún así pagaron 32 millones, o sea: el 70% del costo de transmisión. Si hubiera publicidad en serio deberían, cuando menos, recaudar 3 o 4 veces el costo. Son 12 minutos por hora a un rating promedio que no baja de los 10 puntos. Algo parecido a lo que mide Rial, que te cobra 4 lucas por segundo. Hacé la cuenta. Claro, si no fuera libre seguramente tendría menos rating (no tanto menos, si es tan cierto que hay tanta gente dispuesta a pagar lo que sale transmitirlo), pero un precio más caro.
Suponete que ni siquiera ganás plata con la publicidad privada, simplemente cubrís los costos de transmisión (supuesto muy conservador, pero te lo tomo). ¿Cuánta gente está dispuesta a pagar 120 pesos por año para ver fútbol? Multiplicá ese número por 120 y eso se lo das a la AFA. Simple: el que prefiere ver fútbol, que lo vea, el que no, que se compre los dos paquetes de arroz. Claro, es hipotético en el sentido de que no se hace así; en ese mismo sentido, todo lo que no está hecho es hipotético. Parece bastante sencillo, ¿no? No es rocket science, es voluntad. Yo no digo que “capaz, es una de esas se podría hacer mejor”, digo categóricamente que se podría hacer bien y eso es, por definición, mejor que lo que está ahora, que está mal. Y planteo una forma sorprendentemente sencilla, se lo das a un estudiante de 3er año de un bachiller de calidad de mediana del interior de la provincia que se te ocurra y te hace las cuentas para que cierre sin necesidad de andar tomando decisiones de consumo en nombre de nadie.
Lo del treatment effect en realidad lo digo más que nada por la terminología. Usualmente ese término se asocia a efectos que están indiscutiblemente bien identificados, esto del efecto del FPT sobre el bienestar está tan lejos de estar identificado que me choca un poco verlos en la misma oración, a menos que me esté perdiendo algún paper, pero creo que no. En cambio, si hay toneladas de literatura escrita sobre los beneficios de las transferencias monetarias directas (condicionadas o no) por sobre los subsidios directos o indirectos; tan así que, a mi juicio, lo que si es un poco ridículo es discutir si es mejor hacer transferencias directas o cambiar precios relativos.
Por suerte, no necesito legitimar mi posición apelando a papers neoliberales. Mi argumento es muy simple, creo que lo podría entender un estudiante de 2do año de una escuela de calidad muy inferior a la media que quede en un barrio carenciado:
Antes del FPT: el precio era MUY superior al costo marginal
Después del FPT: el precio es igual al costo marginal
Quiénes son los beneficiados: los pobres
Fin
Frente al argumento de los “usos alternativos”, respondo: qué lindo que analicemos los usos alternativos del presupuesto público, me llena de alegría y de emoción, es de las cosas más lindas que jamás vi escritas. Empecemos por el presupuesto de inteligencia
La verdad que sobre el presupuesto de inteligencia no tengo mucha idea, no te voy a mentir. Pero dado que lo mencionás mucho debe ser algo realmente importante, así que voy a instruirme más. Seguramente coincidamos en eso.
Yo no estoy de acuerdo con tu línea argumental. Si esa es la forma de pensar una política pública, entonces deberíamos haber dejado de escribir papers hace varias décadas, ¿para qué pensar qué tipo de subsidio es más efectivo que otro? El Plan Jefas y Jefes fue, simultáneamente, un programa tremendamente efectivo/progresista y un clarísimo sub-óptimo en momentos en donde la literatura y la práctica habían avanzado un montón sobre el tema. En cualquier caso, siempre lo defendí porque, por lo menos, había mucha evidencia previa sobre su efectividad. En este caso ni siquiera sabemos si es cierto que es progresivo, solamente lo suponemos.
Por último, no agarré lo de los papers neoliberales, ¿a qué papers te referís y en qué sentido decís que son neoliberales?
Damián lógicamente yo no me opongo a la producción de literatura de análisis de impacto de programas de este tipo, de hecho, trabajo como asistente de alguien que se dedica, entre otras cosas, a eso. Por supuesto que es valioso. Y se podría decir que, en términos muy generales, comparto tu visión del Plan Jefes. Ahora bien, alego que son papers neoliberales porque, en la gran mayoría de los casos (salvo honrosas excepciones), se trata de estudios que aplican una matriz puramente neoclásica al análisis del impacto de una política pública sin tener en cuenta elementos sociológicos, históricos y antropológicos que son esenciales cuando se desea comprender cabalmente el comportamiento de los hogares pobres. Por ejemplo, decir cosas como “si los tipos no tenían codificado antes, eso revela que su valoración marginal del fútbol televisado es, como máximo, tan alta como el precio que un deco trucho”, implica introducir hipótesis muy fuertes sobre el comportamiento de estos sujetos. Se me ocurren las siguientes preguntas:
¿Cómo sabemos que existe algo así como una “valoración marginal” (léase: ¿cómo sabemos que la función de utilidad existe y es diferenciable?)?
¿Cómo sabemos que los pobres saben de la existencia del deco trucho y que tienen acceso a él?
En términos de la percepción social de la cultura, ¿es lo mismo ver fútbol por un deco trucho comprado en una cueva en la que también vendían paco que verlo a través de un canal estatal que llega a casi todo el país?
Este tipo de preguntas son sistemáticamente ignoradas por la literatura, que se apresura a asumir agentes racionales maximizadores, ignorando toda determinación histórica de clase en el comportamiento de los individuos. En tal sentido, es neoliberal, y sus evaluaciones de impacto emanadas de una metodología de tipo “máquina de hacer chorizos” (aplicar la misma metodología a todos los países del mundo en todos los contextos históricos posibles, asumiendo que la comparación en sí misma es válida) me parecen poco útiles. Es mejor que nada, sin duda, y reconozco la existencia de excepciones. Pero, en términos generales, me importa bastante poco si en el próximo número de AAE sale un paper que demuestra que el FPT es malo usando un experimento natural de Burkina Faso.
La verdad, Damián, me parece que sobran las razones para juzgar como progresivo el FPT. Si no te alcanza todo lo que dije en el post, te agrego una cosa más: en octubre pasado fueron a elecciones el gobierno que creó el FPT y se enorgullece de él, y también los partidos políticos que se oponen a él y dicen que es una cagada. Vos fijate cómo salieron las elecciones y decime quién tiene razón. No me vas a decir que el problema es que la gente es estúpida y no sabe lo que vota, ¿no?
Chicanas al margen, agradezco tu interés y tus comentarios. De cualquier manera, creo que estamos parados en veredas distintas.
Saludos
Y una última cosa que me olvidaba: menciono insistentemente la cuestión del presupuesto de inteligencia porque considero, justamente, que ahí está el meollo de la cuestión (que los progres en general gustan de ignorar): el presupuesto de FPT es minúsculo en el gasto público anual y existen muchísimos otros objetivos que cuestan tanto o más que FPT (a veces, muchísimo más) y no son en absoluto progresistas o socialmente positivos. Inteligencia es un ejemplo fácil, pero hay muchos, muchos más, algunos los menciono en el texto, otros no hace falta porque son bien conocidos. Entonces, si vamos a discutir usos alternativos y política fiscal óptima, me parece muy bien (ahora lo digo sin ironía), pero empecemos por donde hay que empezar
Para mi la literatura de IE hace exactamente lo opuesto. No en todos los casos, cierto. Pero eso se puede juzgar y está muy claro en el paper que leés; según mi modo de ver las cosas, la principal ventaja de ese tipo de papers es que se olvidá de la teoría, de cualquier teoría. Yo no concluiría nada de la valoración marginal de nadie por lo que diga un experimento, simplemente observaría si mejoró o no la variable que me parezca importante. Ni siquiera me preguntaría mucho por qué, ni a través de qué. Simplemente mejoró, no lo hizo, lo hizo mucho o lo hizo poco. La literatura está llena de discusiones, claro. Pero aún así me parece de lo mejor que hay para hacer preguntas sin atarse a ninguna estructura: para ver si la gente está más feliz no tenés que confiar en que existe una función de utilidad. Entonces no me parece que sea una literatura “neoliberal”, ni “neoclásica”.
Por otro lado, comparto tus inquietudes y la importancia del contexto histórico, sociológico, etc. Aún así, no comparto que la literatura no se encargue de preguntas relacionadas; tal vez con una metodología diferente a la que te gustaría, pero la economía del comportamiento trata de responder algunas preguntas en la línea que las planteás, la gente que hace political economy también está un poco más cerca e incluso gente que hace sencillamente ciencia política aplicada a la economía.
Es cierto que no sabemos si existe una valoración marginal, ni una función de utilidad, ni nada. En el mismo sentido, tampoco podemos estar seguros de que verdaderamente exista tal cosa como un “hecho social” a lo Durkheim. Me parece que la forma de operar el método que tiene la economía (planteando modelos y luego testeándolos con datos) es mucho más rigurosa que la que tienen otras ciencias sociales. Está bien discutir si existe una función de utilidad, pero conceptos muchísimo más abstractos se encuentran en otras disciplinas.
Sobre lo de inteligencia, investigaré un poco más. Posiblemente estés en lo cierto.
Finalmente, ¿puedo consultarte con quién trabajás? La verdad es que no estudié ni me dedico a la economía, pero me divierto leyendo de economía y me está interesando la literatura de IE que se está escribiendo sobre Latam, tal vez pueda leer algo de tu jefa/e o tuyo.
Saludos